Sobre mí

Mi nombre es Loreto. Por la Virgen de Loreto. Se lo debo a mi padre. Aunque es un nombre que nunca me ha gustado, es a estas alturas de mi vida que empiezo a acostumbrarme.

Nací en Barcelona en 1981, la segunda de cinco hermanos. De madre española y padre chileno. Crecí entre dos mundos y y me formé "apátrida". Ni de allí ni de allá. Nos fuimos a vivir a Chile donde viví catorce años. Mi estadía en ese remoto y pequeño país afianzaron mis deseos de conocer más fronteras, queriendo salir de mi zona de comfort y llegar allí, donde mi alma se sintiera en casa. 

Estudié psicología porque desde pequeña he tenido el impulso de ayudar al prójimo y de resolver problemas ajenos. Siempre intentando encontrar soluciones para todos. Siempre con el deseo de mejorar.

Un mes antes de acabar la carrera conocí al hombre que cambiaría mi vida. De la noche a la mañana me enamoré de un alemán y al cabo de unas semanas me encontré viviendo en Hamburgo. En esta ciudad tuve mi primer abrir de ojos hacia la vida más consciente. Aprendí a valorar los paseos en bicicletas, la fuerza del sol, el despertar de la primavera, el buen café, el calor de las velas, el silencio de la Navidad, la apertura de mente, el verdadero respeto al prójimo  y el amor por las cosas hechas con mis propias manos.

 

Y en el entre tanto, ocurrió aquello que tenía claro que pasaría, aunque me diera mucho vértigo: fui madre por primera vez. Simplemente, esa personita a la que llamamos Mar, existió. Y yo fui su madre. Y gracias a ella descubrí que se me daba bien ser madre, por lo que repetí dos veces más.

Sentí, también, por primera vez, el insuperable miedo a perder lo que más quieres. Era la parte de la maternidad que no me habían contado. 

 

Mi marido había fundado la primera marca sostenible dedicada totalmente a los amantes del mar, a la que llamó Twothirds. Casi una década después, tres ciudades diferentes y un largo camino de aprendizaje, nuestras vidas se llenaron de sentido. Estábamos hechos el uno para el otro y nuestro ideal de familia era introducir cambios positivos en el día a día de las personas, a través de nuestro compromiso con el medio ambiente, con la sostenibilidad, la educación de nuestras hijas basadas en el amor y el respeto, la conciencia de un cambio climático existente y la necesidad de cambiar las cosas para un mundo mejor, empezando por nosotros mismos.

Dejamos la gran ciudad para vivir más cerca de la naturaleza. Abandonamos los malos hábitos de consumo para buscar la verdadera felicidad, centrada en las personas y no en las cosas. Donamos una gran parte de nuestras pertenencias para comenzar una vida más austera basada en la calidad, en el tiempo, en el desprendimiento y la gratitud.

 

El camino no es fácil en una sociedad que gira vertiginosamente y consume sin intención, y mucho menos trabajando en el rubro de la moda. Pero creemos que podemos hacer las cosas mejor. Al menos, intentamos día a día vivir más conscientes para crear el planeta-hogar que queremos para nuestras hijas. 

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