• Loreto B. Gala

La Tradicion del Abeto


La tradición del abeto de navidad está en el ADN de nuestra familia, siguiendo la costumbre alemana de tantos años y que aún permanece viva en los hogares.

Las tradiciones nos conectan con lo que somos, con nuestros antepasados, explican nuestro origen y también nuestro presente.

La del Abeto es la tradición más bonita que conozco porque se vive desde el asombro y el respeto por la naturaleza. Representa la fuerza de la vida, el nacimiento, llenando la sala con el olor a bosque. Nos hace sentirnos pequeños ante la presencia de un árbol, volviéndonos conscientes de lo que tenemos y agradecidos.

Es en Alemania donde aprendí sobre las tradiciones. Podríamos asegurar que en este país la Navidad se vive con verdadero sentimiento, como si ellos la hubiesen inventado. Desde el tiempo de Adviento hasta pasada la Navidad, todo se envuelve en una magia espiritual...



El recogimiento es un verdadero estado de paz en nuestro espíritu. Lo conocí viviendo las navidades en Hamburgo. Es, quizás, ese mes cuando más aprecié la cultura escandinava. Precisamente el mes más oscuro de todo el año, uno de los más fríos, las fechas donde más soledad se puede llegar sentir, por no estar con los tuyos y con tu cultura. Y sin embargo, conocí una nueva manera de vivir la Navidad y con ello el verdadero sentido del recogimiento. Todo empieza el primer Domingo de Adviento y continúa las cuatro semanas siguientes que nos preparan para la fecha más importante según la fe cristiana.


Ya he dicho antes lo bonitas que se ponen las calles iluminadas desde el interior de las casas. Las lucecitas encendidas de las ventanas, que a su vez, dejan ver una estrella, un árbol, una vela… Pareciera como si todo el mundo en la ciudad hubiera nacido en esas fechas. Y por eso lo celebraran tanto.


Se celebra la Vida. Es el momento donde la gente va a la Iglesia, se recuerda la historia de Belén en un intento por recordar el sentido de este mundo. Se dan las gracias. Yo, que he nacido en una familia católica, pensaba que sabía todo lo referente a la Navidad. Pero fue en Hamburgo donde aprendí realmente qué es este acontecimiento, vivido desde el recogimiento, la reflexión, el asombro: tres sentimientos que necesita nuestro espíritu para celebrar y memorizar la gran llegada del Niño Jesús, según nuestra creencia.


Las velas son las grandes acompañantes y a la vez las proveedoras de tanta paz. Los villancicos son canciones de cuna. No hay estruendos. No hay ruidos excesivos. Se mantiene la paz y la calma que necesita un Niño recién nacido.

La celebración empieza a las cuatro de la tarde. A esa hora todo el mundo está en sus casas, con sus familias. Los supermercados, las tiendas, los restaurantes, cerrados. Es el momento del año -en muchas familias, el único- donde los hijos vuelven a las casas de sus padres, se ven, se abrazan, se hablan, se celebran. Y siempre con esa calma, esa suavidad.



El Abeto.

El árbol de Navidad, es el gran testigo de la celebración, el gran protagonista y a la vez el gran símbolo de una Vida nueva.

Se enciende por primera vez en Nochebuena, el 24 de diciembre. Debo decir que la primera vez me sorprendió ver un verdadero abeto dentro del salón de la casa de mis suegros. Medía tres metros de altura. Era como un gigante que nos iluminaba con su presencia. Nosotros esperábamos en el comedor. Y entonces, escuchamos el llamado de una campana: estaba todo listo. Se abrieron las puertas del salón y allí estaba él. El gigante vivo, verde, iluminado por decenas de velas que brillan como luciérnagas amarillas. Todo lo demás se apagaba, solo se escuchaba un suave coro de voces mixtas, cantando “Stille Nacht”. Noche de Paz.

Y cuánta paz se siente en ese momento. Y entonces no hay duda: realmente se celebra algo que va más allá de los regalos, de las compras, de las cenas. Se celebra algo que es divino. Lo sientes en el aire.


Ese Abeto y el olor a Naturaleza que desprende, su luz, su serenidad, su presencia… Ahí, se siente el Espíritu de Dios. No quieres que se apaguen las velas. No quieres que dejen de cantar esas voces celestiales. Y a la vez, quieres que vuelvan a pasar rápido 365 días para volver a vivir ese momento.


Así vivimos la Navidad en Alemania y por eso trasladamos la tradición a nuestra casa en España. Es el día más bonito del año. También compramos un abeto real y encendemos las velas por primera vez junto a la canción de Navidad más famosa del mundo.


Cada año vuelve a ocurrir. Como si el mismo Espíritu entrara en nuestros corazones para llenarlos de calor, de calma.


Los regalos quedan en tercer plano porque el verdadero sentido está en apreciar esa presencia divina. Es el momento en el que parece que vivimos en un cuento de niños, que todo está bien, que nada malo nos puede pasar. Nos sentimos afortunados.


El árbol encendido se lleva todo tu asombro, ese sentimiento que ilumina nuestra mente y espíritu, permitiéndonos salir de entre las sombras con respecto a nuestra propia existencia, nuestro entorno y la del universo.

Nos volvemos pequeñito, como un niño, sin importar la edad.


Ese el Abeto y la paz que desprende, envolviendo nuestros corazones.





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