• Loreto B. Gala

Mis secretos para hacer las maletas.

Actualizado: 31 de jul de 2019



Pasa que cuando llevas nueve años viajando de aquí a allá, primero con un hijo, luego con dos, luego con tres... te empiezas a dar cuenta, cada vez que piensas en las maletas, que hay algo que no estás haciendo bien... la de veces que me pasé en frente de las maletas seleccionando, dudando, jugando al matrix y al final acabar gritando. Hasta que una vez, por ese mismo hastío que me provocaba, decidí llevar sólo una maleta para 4 personas, para todo un mes de vacaciones en Alemania. Una auténtica joya de ingeniería... Y la cosa acabó muy bien: no echamos de menos ninguna prenda, la habitación de las niñas siempre estaba ordenada y el único bulto que llevé conmigo (a parte de los tres que me siguen naturalmente) pasó rápido por el boarding.

Desde entonces, descubrí el secreto de hacer maletas: no hay nada indispensable. Solo llevarnos la ropa “correcta”.

Para que una maleta sea del peso y tamaño “correcto” sólo debe tener la ropa “correcta”, es decir, la que se necesita de verdad.

Y no llevar la mítica “ropa-de-por-si-acaso...”

En nuestro caso es fácil definir cuál es la ropa correcta y cuál no. Empezando, no tenemos mucha. Es probable que hayáis pensando alguna vez que nuestras niñas van casi siempre vestidas igual. Y es que es cierto! Tienen poca cantidad de ropa, pero de calidad. La que aguanta muchas lavadoras y que puede pasarse de hermana a hermana.

No tienen ropa de “por si acaso...” y si nos llega el día del “por si acaso” y no tenemos qué ponerles, ya me inventaré algo. Aún no ha llegado ese día...

Por lo tanto, el primer secreto para hacer una maleta antes de viajar, es empezar de mucho más atrás: cuánta ropa tengo en el armario que realmente uso? Si empiezo a descartar, acabo quedándome con cuatro cosas para mi y cuatro cosas para mis hijos. Así que lo que acabo llevando de ropa es porque sé que lo van a usar. Por dos razones: porque a mí me gusta vestirlas así y a ellas también. No tengo “ropa-que-me-gusta-por-si-acaso”.

Las últimas vacaciones en Alemania, con la tercera hija recién nacida, descubrí que hay otro secreto para hacer maletas... va en la misma línea que el anterior. Asi que os planteo la siguiente pregunta: qué son para mí las vacaciones?

Y os pongo en el siguiente escenario: qué pasaría si al llegar al lugar más maravilloso del mundo descubres que la maleta se ha quedado en el avión y va de vuelta a casa?

Yo personalmente optaría por no amargarme y, a pesar del primer disgusto, disfrutaría de la familia, del lugar, del descanso a tope. Al fin y al cabo, son solo “cosas”...y nada es indispensable. Eso sí, me compraría un par de prendas para salir del paso y hala! Lo demás es pan comido.

Pues este punto creo que es el más importante: qué siginifica realmente para mí las vacaciones? Puedo irme con lo mínimo y disfrutarlas?

Seguro que sí.

Con estos dos conceptos de base, hacer una maleta liviana, independientemente de la cantidad de días que nos vayamos, es fácil. Y no os imagináis las cosas buenas que vas aprendiendo después... sobretodo la experticia que ganas en cuidar las pocas cosas que llevas!

Os cuento también, la manera de organizar una maleta, que al menos a mi me va bien: El hueco de cada uno va en relación al tamaño (la ropa de Lutz ocupa más lugar que la de Ada, por ejemplo) y también depende de la “usanza” que hagan (un bebé mancha más que un adulto). Con estas ecuaciones hacemos el rompecabezas. En el caso nuestro, Lutz lleva su maleta a parte, también pequeña, con sus cuatro prendas favoritas. (Si, él también ha aprendido a aplicar estos dos conceptos).

Para facilitaros un poco la idea, os pongo un ejemplo de lo que llevamos para unas vacaciones de 10 días en un lugar donde hace frío y calor a la vez (el gran dilema, por cierto).

  • 2 pantalones largos (en el caso de Sophie solo 1 porque a ella le gustan los vestidos)

  • 1 pantalón corto (en mi caso, cambio pantalón corto por vestido)

  • 5 partes de arriba (2 manga corta 3 manga larga)

  • Braguitas para 7 días

  • Camisetas interior para 3 días

  • Calcetines para 5 días

  • 2 jerseys

  • 2 pijamas

  • 1 par de zapatillas

  • 1 abrigo. Esto es importante. El abrigo ha de ser “cortavientos” y para una temperatura media. Siempre podrán ponerse cosas debajo en caso de frío o ponerse cosas livianas en caso de calor.

Las camisetas las doblo como churros, a lo largo, para que quepan más. Como veréis en esta foto. También podéis ver cómo divido la maleta. Como os decía, Ada usa más ropa al ser bebé porque la ensucia más. Yo tengo más espacio porque el tamaño de mi ropa es más grande que el de mis hijas (aunque a Mar ya me está alcanzando!)


Luego vienen lo peor, que son las típicas “bolsas”, con las que llenamos el coche. Esas “bolsas” para esos “por-si-acaso”, tan típico de las abuelas y ya, a estas alturas, de nosotras, las madres.

Para esto, he encontrado una solución: cada una lleva su mochila donde meterá “sus pertenencias”. Es decir: cepillo de dientes, zapatillas para estar por casa (estas me parecen importantes, pero se pueden prescindir y solo usar zapatillas normales) gomas de pelo... y esas “cositas” que son útiles. Y cada una lleva también su juego favorito y su muñeco preferido (solo uno). Incluso Ada, aunque es pequeña, tiene su propia bolsa, con sus cosas.

La última tortura para mi eran las cosas de baño, porque los champús, las pastas de dientes (una para adultos, otra para niños) las colonias, el desodorante, mis pinturas, los peines... y todas estas “cositas necesarias” ocupan mucho espacio! Así que generalmente opto por no llevar la mayoría y acabo comprándolas en un supermercado (no lo hago si se trata de un fin de semana).

Ahora bien, hay que tener en cuenta la temperatura del sitio a donde vamos. Nos pasó que fuimos a Cantabria en pleno julio y nos llovió una semana entera. Hacían 14 grados, y mis hijas con pantalones cortos como si estuviéramos en la sauna turca barcelonesa. Menos mal que se me había ocurrido llevar botas de agua. El caso es que las pobres se congelaron y lo pasamos mal. Por eso, lo de mirar la temperatura es primordial. Y en esta ocasión, lo de llevar “ropa por si acaso”, hubiera sido la “ropa correcta”: íbamos al norte de España, no al Caribe!

Otra cosa que hay que hacer es apuntar lo que creemos que puede ser necesario, para no olvidarlo. Son muy pocas cosas. Por ejemplo, un secador de pelo en caso de que vayas a una casa de alquiler. O la cuna de viaje, que como nos ha pasado esta vez, con las prisas la hemos olvidado. Pero ya veis, las tenemos a las tres durmiendo juntas... así que la cuna, en realidad, no era tan necesaria. Ese es el otro secreto: es que uno acaba arreglándoselas de alguna manera.

Parece que hemos de cambiar el concepto de “indispensable”.


Por lo visto, lo de hacer la maleta liviana no tiene ninguna ciencia. Más bien paciencia, por un lado y sobriedad, por otro.

Al fin y al cabo, qué es lo que queremos recordar de nuestras vacaciones?

Sin duda, yo recordaré siempre sus caritas de felicidad, como bien dice esta frase en inglés, que para mí es el último secreto de todos:

“a smile is the best thing you can wear”.



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